La polarización, algo más que un masaje
Cualquier masaje es un regalo para el cuerpo. Incluso en aquellas prácticas en las que hay que descontracturar o drenar, y por tanto, es inevitable hacer algo de daño, el resutado final es positivo para músculos y huesos.
En algunos de ellos, como el de relajación, además es un regalo para la persona, que descarga de algún modo su acelerado sistema nervioso.
Pero si además de trabajar los músculos, y eliminar aquellas contracturas que suelen producirnos un malestar físico demasiado molesto, alguien te practica un masaje de polarización, entonces, el resultado es completo.
Se trabajan, además del cuepo físico, el cuerpo energético. Se abren los “chakras”, haciendo especial hincapíe en los siete principales, eliminando así bloqueos enérgeticos que suelen ser producidos por somatizaciones emocionales incorrectas.
Al terminar, la persona puede llorar o reir, pero en ambos casos suele sentir una especie de serenidad y paz consigo misma que no puede describirse con palabras.
Es una forma de permitirse a uno encontrarse consigo mismo, de dejarse “fluir”, de liberarse por un rato del inevitable traje que todos vestidos en el día a día.
Una hora de luz tenue, de música relajante sonando bajito, de olor a incienso, de luz de vela inventando sombras. De manos que se deslizan al ritmo de un aceite que huele a naturaleza. Sentir como tu piel responde a cada estimulo, descubrirte sintiendo de la manera más sencilla como se deshacen tus nudos más complicados…
Para mí, y otras personas que hemos tenido la suerte de probar esas manos, a sido una experiencia que invita a repetir. ¡Ojalá deís con ella!












Piel muy, muy, muy seca...
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