Hay soledades que padecen el dolor de la niebla. Se sumergen en el fondo inútil de la desesperanza sin orillas, y vuelven al recinto de los dioses que aplauden sin descanso, que llevan en sus cuerpos la aureola de los... (Seguir leyendo)
HABITARTE Mi oficio es desvestirte, y cubrir con palabras la desnudez que ofreces a este viejo pirata. Disponer las esdrújulas al final de tus espalda, derramar las agudas y romper las mordazas. Ser una llana humilde dormir en tu costado.... (Seguir leyendo)
SONETO DEL AMOR UNITIVO Tan unidas están nuestras cabezas y tan atados nuestros corazones, ya concertadas las inclinaciones y confundidas las naturalezas, que nuestros argumentos y razones y nuestras alegrías y tristezas están jugando al ajedrez con piezas iguales en... (Seguir leyendo)
La herida abierta de tus labios: palabra que no me prestas para atesorar su olvido ni para salvar mi deuda. Su valor sólo se inscribe bajo mi piel cicatrizada.... (Seguir leyendo)
Y tú me dices que tienes los pechos vencidos de esperarme, que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo, que has perdido hasta el tacto de tus manos de palpar esta ausencia por el aire, que olvidas... (Seguir leyendo)
LA CARICIA PERDIDA Se me va de los dedos la caricia sin causa, se me va de los dedos… En el viento, al pasar, la caricia que vaga sin destino ni objeto, la caricia perdida ¿quién la recogerá? Pude amar... (Seguir leyendo)
Y DIOS ME HIZO MUJER Y Dios me hizo mujer, de pelo largo, ojos, nariz y boca de mujer. Con curvas y pliegues y suaves hondonadas y me cavó por dentro, me hizo un taller de seres humanos. Tejió delicadamente... (Seguir leyendo)
Si supieras lo que a veces me cuesta respirar —garganta a la deriva remontando el abismo líquido de las aguas—, si supieras del ansia de no hundirse, la lucha permanente del cuerpo braceando por mantener el ritmo de la respiración,... (Seguir leyendo)
MUJERES Mañana de suburbio y el autobús se acerca a la parada. Hace frío en la calle, suavemente, casi de despertar en primavera, de ciudad que no ha entrado todavía en calor. Desde mi asiento veo a las mujeres, con... (Seguir leyendo)